Hristo Botev

El 2 de junio de 1876, caía en combate, en la cordillera de los Balcanes, el más fogoso poeta y uno de los más grandes patriotas y revolucionarios búlgaros, Hristo Botev.

Ofrendó su vida, cuando contaba sólo 28 años, en la contienda contra los opresores otomanos, que dominaban al pueblo búlgaro desde hacía cinco siglos.

La vida de Hristo Botev fue corta, pero intensa. Hijo de un maestro, nació hace 150 años, el 6 de enero de 1848 en Kalófer, pequeña ciudad situada entre las montañas Stara Planiná y Sredna Gorá. Adolescente todavía, marchó a Odessa a estudiar. Pero no permaneció largo tiempo en el Seminario de aquella ciudad por no estar de acuerdo con el método escolástico de enseñanza. Abandonó la escuela y trabajó como maestro en la aldea de Zadunaevka donde vivía una gran colonia de búlgaros, inmigrantes. Luego regresó a la casa paterna, pero no por mucho tiempo ya que expresaba ideas revolucionarias y su padre lo envió de nuevo al extranjero. Camino a Rusia se contactó con la emigración revolucionaria búlgara en Rumania y se quedó en Bucarest trabajando como periodista y profesor. Colaboró con Liuben Karavélov en la edición de los periódicos “Libertad”e “Independencia” y publicó un periódico titulado “La palabra de los inmigrantes búlgaros”.

Después de la muerte de Vasil Lavski, Hristo Botev se impuso como ideólogo y estratega de la lucha revolucionaria a ultranza contra los opresores otomanos y contra aquellos búlgaros que pensaban que por medio de reformas y concesiones al poder otomano, podría lograrse la libertad nacional.

Poeta y publicista de gran talento, figuran en su obra poemas, artículos y sátiras, todos ellos empapados de intenso odio al opresor otomano y exhortando a una lucha sin cuartel por el noble objetivo: la liberación nacional. Botev fue el poeta más destacado del Renacimiento búlgaro.

Sus versos han sido traducidos a decenas de idiomas por lo cual su nombre es conocido en el mundo entero.

Moría heroicamente en una de las cumbres de los Montes Balcanes al frente de un destacamento guerrillero, que él mismo había formado con inmigrantes búlgaros en Rumanía, y que había llevado a la tierra patria a ayudar a sus compatriotas rebeldes al declararse un gran levantamiento armado en la primavera de 1876.

Para pasar de Rumanía a Bulgaria, Botev concibió una acción que fuera audaz, patriótica y espectacular a la vez. Los ecos de esta operación llegaron poco después a casi toda Europa. El revolucionario cumplió de esta manera el objetivo que se había planteado: que toda Europa se enterara de que el pueblo búlgaro no era un pueblo sumiso, conforme con su suerte de esclavo del atrasado imperio otomano; que luchaba por su libertad y que estaba dispuesto a morir por ella.

Una acción política con un telón de fondo revolucionario, un guión romántico y un móvil patriótico: así en el lejano año 1876 algunos periódicos españoles dieron a conocer la operación de Botev, para secuestrar provisionalmente el barco austríaco Radetzky, que navegaba por el Danubio; obligar a su capitán a desembarcar, en un paraje desierto de la costa búlgara del río, a los 200 insurrectos búlgaros que estaban a bordo, miembros del destacamento que Botev lideraba, y hacer saber a Europa que el pueblo búlgaro no se doblegaba ante sus subyugadores otomanos.

Lucha por la libertad y la verdad: estas palabras son la síntesis de la vida y la obra del poeta. Dedicó toda su energía para lograr este fin.

“El que cae en la lucha por la libertad no muere”, dijo Botev en sus versos.

Y selló esto con su muerte. Por eso es que hoy decimos que Botev vive, porque está vivo su ejemplo y sus obras.

En Bulgaria todos los años el día 2 de junio, a las 12 del medio día se enciendan por 3 minutos las alarmas en todo el país en homenaje al gran luchador Hristo Botev y a todos los caídos en la lucha por la libertad la independencia.