Costumbres de febrero: Trifon Zarezan

Se celebra el 14 de febrero

Еn un principio el 14 de febrero en Bulgaria se festejaba el día de Santo mártir Tifón, considerado el protector de los productores de uva, de vino  y los cantineros. Después que fue adoptado el almanaque gregoriano, el festejo se cambió por 1 de febrero  y el 14 de febrero quedó como el Día del Vitivinicultor. Las dos fechas siguen estando entrelazadas.

Según los etnógrafos el festejo se remota a la época en la que en las tierras búlgaras vivían los tracios.  El vino fuerte y aromático era conocido en todo el mundo antiguo. Los sacerdotes tracios creían que el vino los acercaba directamente a los dioses.

Hay muchas leyendas. Una de ellas cuenta que aún a los 17 años él había curado a la hija del emperador romano Gordiano y con esto había ganado reconocimiento y una envidiable gloria.

Trifon Zarezan

Otra de las leyendas cuenta que un día cuando Tifón  cortaba su viñedo, al lado pasó la Virgen María con el niño  Jesús en brazos. Iba a rezar una plegaria por los cuarenta días del niño. Tifón se burló de ella,  porque el hijo no tenía padre.  Ella trago la ofensa, pero por el camino pasó por la casa de Tifón y le dijo a su mujer que el marido se había cortado la nariz. La mujer enseguida corrió y Tifón se sorprendió. Pregunto cómo se podía cortar la nariz, si tenía la tijera de poda así y no…   hizo el movimiento al revés y se cortó la punta de la nariz. Por eso la fiesta es Tifón Zarezan (cortado).

Sea como sea, es una costumbre viva hoy en día. Comienza cuando muy temprano la dueña de casa prepara una bolsa con hogaza recién horneada, adornada con hojas de parra, gallina rellena y un recipiente con vino. Con esto envía a su marido a las viñedos. Ahí cada uno de los hombres, después de persignarse, corta tres palos de tres parras distintas y riega con el vino. Esto es “zariazvane”. Con los palos arma una corona y adorna su gorro. Después arman una mesa en común y entre todos eligen un rey del viñedo.  Habitualmente se elige un buen productor o alguien que ya haya ocupado el trono en un año abundante. Suben al rey en un carro que llevan los mismos participantes con gaitas y a veces con tambores, se dirigen al pueblo. Ahí paran en cada casa y los dueños los convidan con vino, deseando buena cosecha. El rey tiene una tarea importante: no emborracharse para que los viñedos tengan mucha uva.